
• Estados Unidos, principios del siglo XIX
• Stubbins Ffirth ha terminado su carrera de médico y ahora realiza las practicas en Philadelfia.
• Stubbins es un tipo de fuertes convicciones por no decir un cabeza dura de los de antes.
• Durante los últimos años una epidemia de fiebre amarilla ha hecho estragos en USA.
• A la fiebre amarilla se la conoce con otro nombre: “vómito negro”. ¿Hace falta que os explique por qué?
• Stubbins lo tiene claro, que digo claro, clarísimo!
• Según nuestro terco médico la fiebre amarilla no era una enfermedad contagiosa si no que se presentaba cuando el cuerpo sufría un exceso de estímulos como el calor, la comida y hasta el ruido.
• Seguramente alguien le debe haber dicho -¿Ah sí? Pruébalo Stubb!-
• Y Stubb se puso manos a la obra.
• Stubb piensa y concluye que la única forma de demostrarlo es exponiéndose el mismo a la enfermedad.
• Se hace pequeñas incisiones en el brazo y unta sus heridas con el “vómito negro” de un paciente infectado. Sin noticias de contagio.
• Ya les comenté que era terco.
• No conforme con la primera, realiza una nueva. Se unta los ojos con el vómito fresco de otro paciente. Sin noticias de contagio.
• Muy terco y asqueroso.
• Coge un poco de vómito fresco lo pone un sartén lo calienta e inhala sus vapores. Nada.
• Inamovible en su actitud mete un poco de vómito en una cápsula y se la toma. Sigue saludable.
• Pero claro, a esta altura hay que ir a por todas ¿no Stubb?
• Nuestro decidido amigo bebe un vaso entero de fresco vómito negro sin diluir. Se restregó contra un enfermo tomando contacto con los fluidos corporales del mismo como la sangre, saliva, transpiración y orina. Nada
• Después de intentar sin éxito el contagio de fiebre amarilla de las formas más asquerosas posibles, Stubbins, más saludable que nunca declara su teoría probada.
Lamentablemente nuestro amigo Stubb estaba equivocado. La fiebre amarilla es altamente contagiosa pero para su trasmisión necesita acceder directamente al flujo sanguíneo, esto se produce generalmente con la ayuda de un mosquito.
Stubb estaba equivocado pero no podemos dejar de agradecer su tenacidad y actitud pisycaca.
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